Mileva Marić Einstein: la científica serbia a la sombra de un genio

Mileva Marić Einstein: la científica serbia a la sombra de un genio

Por Olga Paunović

Mileva Marić Einstein fue mucho más que «la primera esposa de Albert Einstein» . Nacida en el entonces Imperio austrohúngaro, en lo que hoy es Serbia, destacó en matemáticas y física en una época en la que las mujeres apenas tenían acceso a la educación superior. Su biografía es una mezcla de genio, lucha silenciosa y espíritu científico, pero también la historia de una mujer cuyas contribuciones quedaron a la sombra de su famoso esposo. Hoy, más de un siglo después, surge la pregunta: ¿Fue Mileva solo testigo de grandes descubrimientos o su cómplice invisible?

¿Quién fue Mileva Marić?

Mileva Marič nació el 19 de diciembre de 1875 en Titel, en aquel entonces parte del Imperio austrohúngaro. Provenía de una distinguida familia de Vojvodina – era la mayor de tres hijos del oficial Miloš Marić y su esposa Marija Ružić Marić. Desde su nacimiento sufría de una dislocación de cadera, pero a pesar de las dificultades de salud, demostró un talento excepcional para la ciencia. 

Estudió en varias ciudades – Ruma, Novi Sad, Sremska Mitrovica, Šabac y Zagreb – muchas veces como la única niña entre los varones. Gracias a sus excelentes calificaciones y al respaldo de su padre y sus profesores, obtuvo permisos especiales para asistir a clases con varones y presentar exámenes de física y matemáticas. En 1896 ingresó a la facultad de medicina en Zúrich, aunque poco después optó por estudiar física y matemáticas en la prestigiosa ETH (Escuela Politécnica Federal). Fue la única mujer en su grupo y apenas la quinta en la historia de esa institución en lograr el ingreso.

Mileva y Albert: amor entre fórmulas

Mileva Marić, una brillante estudiante de física y matemáticas, conoció a su compañero Albert Einstein durante sus estudios en Zúrich. Su amistad se convirtió en amor, que mantuvieron incluso durante el semestre que Mileva pasó en Heidelberg. Aunque comenzó sus estudios con mucho éxito, Mileva no logró aprobar los exámenes finales en 1900 y 1901. Durante ese tiempo quedó embarazada de Albert. Como no estaban casados y Einstein buscaba empleo en el sector público, Mileva se trasladó con sus padres a Novi Sad, donde a finales de enero de 1902 dio a luz a una niña llamada Lieserl. El destino de la niña sigue siendo incierto: algunas fuentes afirman que fue dada en adopción, mientras que otras aseguran que murió de escarlatina. La existencia de la hija fue descubierta recién en los años 80 del siglo XX, tras la publicación de las cartas de amor entre Mileva y Albert. 

Albert y Mileva se casaron el 6 de enero de 1903 en Berna. Su vida en común estuvo marcada por el trabajo científico, pero también por tragedias personales. Mileva intentaba sobreponerse a la pérdida de su hija y al fracaso de su carrera académica. Tuvieron dos hijos: Hans Albert (1904) y Eduard (1910), quien más tarde fue diagnosticado con esquizofrenia. En 1905, Albert publicó trabajos revolucionarios que le hicieron famoso en el mundo de la ciencia, mientras que Mileva, a pesar de su talento y formación, quedó en la sombra de su célebre esposo. 

Trabajo en común: verdades, teorías, especulaciones

El papel de Mileva Marić en los logros científicos de Albert Einstein ha sido objeto de un largo debate entre historiadores y físicos. Existen dos teorías opuestas: una sostiene que Mileva tuvo una contribución clave, aunque no reconocida, a las teorías revolucionarias de Einstein; la otra considera que ella fue solo su compañera y apoyo, pero no una colaboradora activa. La historiadora noruega Anastasia Heidi Lavoll sostiene que Mileva y Albert trabajaron juntos en varios artículos científicos, con el objetivo de que Einstein se convirtiera en un científico reconocido que asegurara el sustento de la familia. Como prueba, señala cartas en las que aparecen expresiones como «nuestros trabajos», «nuestra teoría del movimiento relativo» y problemas matemáticos que Albert le enviaba a Mileva. Sus críticos afirman que las cartas de Mileva se perdieron en parte o incluso fueron censuradas, eliminando fragmentos con contenido científico. Los defensores de la contribución de Mileva también destacan que durante sus estudios universitarios investigó el efecto fotoeléctrico y la geometría tetradimensional- bases de la teoría de la relatividad. 

Einstein recibió el Premio Nobel precisamente por su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico. El físico ruso Abram Fedorovich Joffe afirmó haber visto artículos firmados como «Einstein-Mariti», siendo «Mariti» la forma húngara del apellido Marić. Hans Albert, hijo de Mileva y Albert, quien más tarde fue profesor en Berkeley, afirmó que existían al menos 23 trabajos científicos que sus padres realizaron juntos. Larvoll y otros autores, cono Radmila Milentijević y Đorđe Krstić, citan numerosas cartas donde Einstein habla de planes conjuntos de investigación. 

Sin embargo, la comunidad científica actual en general no reconoce a Mileva una contribución significativa a la física, principalmente por la falta de pruebas documentales claras. Críticos como Allen Esterson y David Cassidy consideran que las afirmaciones sobre su coautoría están exageradas y carecen de base histórica. En lugar de eso, presentan a Mileva como una mujer inteligente y valiente que no logró realizar sus aspiraciones científicas en una sociedad patriarcal, pero que desempeñó un papel pionero en la apertura de la ciencia a las mujeres. La historiadora Paulina Gagnon concluye que el mito de Einstein como genio solitario que tuvo ideas brillantes de forma repentina ha borrado la historia de Mileva, porque «a la gente le encantan héroes extraordinarios». Su historia, aunque compleja y sin una respuesta definitiva, sigue alimentando el debate sobre hasta qué punto ha sido justa la historia de la ciencia con las mujeres.

La vida después de Albert

Después de que Albert Einstein restableciera el contacto con su prima Elsa Löwenthal, su amor de juventud, en 1912, su matrimonio con Mileva Marić comenzó a deteriorarse seriamente. Mileva, que nunca quiso mudarse a Berlín, se sentía profundamente infeliz. La crisis matrimonial alcanzó su punto máximo en 1914, cuando Einstein le impuso una serie de reglas humillantes de comportamiento. En julio de ese mismo año, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, Mileva dejó Berlín y regresó a Zúrich con sus hijos. Se divorciaron oficialmente el 14 de febrero de 1919, pero el acuerdo de divorcio quedó marcado por una cláusula importante: si Einstein ganaba el Premio Nobel, el dinero le correspondería a Mileva. Más tarde, este detalle fue interpretado como una posible prueba de que ella había contribuido significativamente a su trabajo científico.

Cuando en 1921 Einstein ganó oficialmente el Premio Nobel el dinero fue depositado, según lo acordado, en una cuenta bancaria suiza, en un fondo destinado a sus dos hijos. Mileva podía disponer únicamente de los intereses, mientras que el capital principal quedaba bajo el control de Albert. Parte de ese dinero se utilizó para comprar tres apartamentos: uno en el que Mileva vivía con sus hijos, y los otros dos eran alquilados. A pesar de cierta estabilidad financiera, la vida de Mileva se volvía cada vez más difícil. En 1930, su hijo menor, Eduard, sufrió una crisis nerviosa y fue diagnosticado con esquizofrenia. Su tratamiento requería grandes gastos, por lo que Mileva vendió dos de los apartamientos. Para evitar perder su vivienda, pidió a su exesposo que pusiera la casa a su nombre. Einstein accedió, pero más tarde vendió la propiedad con la condición de que Mileva pudiera seguir viviendo allí. Sin embargo, poco después Mileva recibió un aviso de desalojo. Resultó que el dinero de la venta- 85.000 francos suizos – había sido transferido erróneamente a su nombre, y Einstein exigió que se lo devolviera, amenazando con excluir a Eduard de su testamento si no lo hacía. 

Bajo constante estrés y preocupaciones por la salud de su hijo, la salud de Mileva comenzó a deteriorarse. Sufrió varios derrames cerebrales y falleció el 4 de agosto de 1948 en Zúrich. Fue enterrada en el cementerio de Nordheim, sin lápida con su nombre. No fue hasta 2004 que el público supo dónde descansaban sus restos, gracias al esfuerzo de Petar Stojanović. Su hijo Eduard permaneció internado en una clínica psiquiátrica hasta su muerte en 1965.

¿Por qué es importante hablar hoy de Mileva?

Hablar hoy de Mileva Marić no es solo mirar al pasado, sino también reflexionar sobre temas actuales como la igualdad, la ciencia y el reconocimiento. Durante décadas fue ignorada por la historia, conocida principalmente como «la primera esposa de Albert Einstein», a pesar de ser una brillante matemática y física. Se cree que pudo haber contribuido a algunos de los primeros trabajos de Einstein. Mencionarla hoy es un intento de corregir parte de esa injusticia histórica. Su historia también revela una realidad más amplia: la posición de las mujeres en la ciencia. En una época en la que casi no se permitía a las mujeres estudiar, Mileva ingresó a una universidad de física en Zúrich. Su lucha representa la de muchas mujeres que debieron esforzarse el doble solo por su género. Hoy, su nombre es inspiración y estímulo para las nuevas generaciones. 

Al mismo tiempo, Mileva nos recuerda que la ciencia no siempre es obra de un solo genio, sino resultado del trabajo conjunto, muchas veces invisibilizado. Su historia cambia nuestra visión del pasado y nos recuerda que ningún aporte debería ser olvidado – y menos aún, silenciado durante décadas.

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Tomado de: Biografija.org, zenskimuzejns.org.rs, BBC.com, svetnauke.org 

Foto de la portada: alchetron.com  

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